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Midnight mass: El fanatismo representante del terror

  • Foto del escritor: Miriam Triay Florit
    Miriam Triay Florit
  • 2 dic 2021
  • 4 Min. de lectura


Hace una semana publiqué, en este mismo blog, un artículo sobre la reconocida serie de terror, The haunting of Hill House (2018), del director en potencia Mike Flanagan. Hoy vuelvo a la escritura y el análisis del terror, para hablar de la última obra del mismo director, Midnight mass o, como ha llegado a España, Misa de medianoche (2021).


Mike Flanagan empezó haciendo adaptaciones de novelas, sobre todo, de Stephen King, como El juego de Gerald (2017); mostrando una clara influencia del escritor estadounidense en el resto de piezas audiovisuales que ha dirigido, como la mencionada The haunting of Hill House de Shirley Jackson. Pero ha terminado culminando, en este año en curso, con una prenda propia, íntima y personal, que, aunque bebe claramente de las novelas que hasta el momento ha adaptado, se trata ya del resultado de su trayectoria como director.


Así, Midnight mass es una obra enteramente del director y que consigue consagrarlo, a favor de lo que gran parte de la crítica ha decidido a lo largo de estos dos meses, como el gran maestro del terror en activo. Estrenada en septiembre en la plataforma de Netflix, la historia se desarrolla en una isla pequeña y claustrofóbica, Crockett Island, donde la gente sobrevive como puede, siempre esperando un futuro mejor que el presente.


Todo comienza con dos hechos primordiales, que siguen a dos personajes, dos historias vitales. La condena penitenciaria cumplida de un ex-alcohólico que ahora regresa a casa, Riley Flynn (Zach Gilford), que conduciendo ebrio había atropellado y matado a una adolescente. Y la llegada del padre Paul (Hamish Linklater) a la comunidad huérfana, desde la partida del anterior sacerdote a un viaje por Tierra Santa.


La trama, que sigue a los distintos habitantes del pueblo, se centra, sobre todo en cuanto a guión, en las sagradas escrituras, dedicándose, casi exclusivamente, a la religión católica. Ya los títulos de los capítulos divisan esta idea, siendo el primero Génesis, y el último, Apocalipsis. Pero la obra de Flanagan no es tan sencilla, va más allá; es una reinterpretación de la fe, la religión y la filosofía, del existencialismo, de la vida mundana y la del más allá, de la fuerza de las creencias, y de la debilidad y el terror de la imposición de éstas.


Después de la llegada de Riley y del padre Paul, empiezan a pasar cosas extrañas en la isla, desapariciones y milagros, y cada vez hay más adeptos y creyentes. Todo se ve movido por la fe, ya sea la de un ateo que no quiere volver a probar una gota de alcohol, o la de un católico que ha recibido, como regalo, una segunda oportunidad. Así, entre sombras, sangre y alas, tienen lugar los 7 capítulos de esta miniserie, que se va desarrollando a fuego lento, con un ritmo que recuerda a la vida rural que tiene lugar en la isla, pero con una fuerza y atención en los detalles que ya divisan un nuevo y significativo camino en el género del terror.


Si nos centramos en la construcción de los personajes, al igual que ya se comentaba en The haunting of Hill House, es tan redonda y completa que, en ningún caso, se puede señalar con el dedo cuáles son los protagonistas reales de la historia. Todos forman parte de la trama, y a todos se les da la misma presencia e importancia. De hecho, y como ya decía Mike Flanagan cuando hablaba de la serie en una entrevista: "Todas las versiones de mi identidad hablan entre sí en mi serie: el monaguillo, el ateo, el hombre comprometido con la ciencia, el creyente, el moderado, el estudiante, el padre, el niño, el alcohólico".


Sin embargo, y aunque sea evidente el talento del director en el desarrollo de un pequeño universo encerrado del resto del mundo; la densidad de los diálogos y monólogos presentes, que plantean distintas dudas y debates existencialistas, poco casan con la corta duración de la historia y con el planteamiento tan lento de la trama. Por eso, quedan algunos cabos sin atar, y mucha libertad de interpretación que, aunque no siempre sea malo, en este caso, puede dejar confundido al público.


¿Qué es lo que nos da miedo? Ésta es la gran pregunta sobre la que baila la trama que, en realidad, es más dramática y gótica, que no de terror. Acompañada de una gama cromática fría, que no oscura, como ya vemos en Hill House; en donde los colores más oscuros tienen tonalidades verdes y azules, y en donde también destacan los colores cálidos. Sin oscuridad total, pero sin un ambiente completamente frío, en todo momento, se hace presente y se nota que algo debe ocurrir o está ocurriendo.


Esto también se ayuda de la banda sonora de The Newton Brothers, lugubre y tenebrosa, igual que las escenas a las que acompaña, y de unos diálogos que, a pesar de ser demasiado densos, están cargados de profundidad y debates que desvelan los sufrimientos, dudas y oscuridades de cada personaje. Una religión católica que es igual de sectaria que muchas otras organizaciones criticadas, una imposición de creencias que es el verdadero terror de la serie, y un Dios que, en realidad, y como se observa en el momento final, somos todos y cada uno de nosotros, como parte de un todo gigante.


Mike Flanagan es la representación del talento en el panorama actual del terror, una figura que cada vez está cogiendo más peso en la industria; y que, capaz de dejar un sabor a boca impecable, por mucho que presente fallos y no pueda alcanzar, como es natural, la perfección; nos hace desear ver cuál será la siguiente novela que llevará a la pantalla o la siguiente obra íntima y personal que nos dejará ver partes de él, de la sociedad actual y de nosotros mismos, a la vez, en una gran conjunción.











 
 
 

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