La orientalidad llega al universo Marvel
- Miriam Triay Florit

- 2 dic 2021
- 3 Min. de lectura

No hace mucho se estrenó la última entrega de la franquicia Marvel, Eternals (2021); y aunque, como ya se comentó, esta es la puerta directa a la fase 4; en realidad, antes vienen un conjunto de tres series y dos películas que, de carácter más íntimo, en lugar de avanzar la trama general, se centran en introducir personajes nuevos o ya conocidos.
Entre estas películas se encuentra Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos (2021), que rescata uno de los personajes clásicos de los cómics de Steve Englehart y Jim Starlin, y lo deriva en una historia actualizada. Como ya es común en la fórmula cinematográfica de Marvel, encontramos, en este film, la adaptación de un género concreto al formato propio y típico de la franquicia. No obstante, la compañía ha optado por acercarse más a las artes marciales y al cine wuxia, y puede que esto es lo que haga que se aleje más, a diferencia de los otros films, de la firma propia.
La nueva entrega sigue a Shang-Chi, un nuevo héroe que, destacando en las artes marciales, pasa a formar parte del mundo y el equipo Marvel. Este es el hijo de un peligroso e inmortal guerrero, asesino y terrorista, conocido bajo el nombre de Xu Wenwu, líder del Ejército de los Diez Anillos. Estamos delante, para los fanáticos y conocedores de Marvel, del verdadero Mandarín del que tanto se ha estado hablando desde Iron Man 3.
Wenwu, después de la gran pérdida que supone la muerte de su mujer, entrena duramente a su hijo para que, en un futuro, siga sus pasos. Shang-Chi huye de este destino hasta que, después de vivir como una persona corriente, durante casi una década, tiene que hacer frente a lo que le espera por ser hijo de su padre, y albergar mucho poder y talento. Como es clásico en Marvel, a Shang-Chi se le otorga una singularidad y mucha maestría a la hora de mostrar de qué es capaz y por qué destaca.
La aparición de este personaje en los cómics que, aun siendo diferente al del film, sigue la misma idea, se transporta a la década de los 70 del siglo pasado, en pleno furor de la blaxploitation -literalmente 'explotación negra', fue un movimiento cinematográfico con la comunidad afroamericana como a protagonista principal- y del cine wuxia. Así, perfiles como el de Shang-Chi sirvieron para adentrar a Marvel en el éxito que tenían las artes marciales en la pantalla del séptimo arte.
De todas formas, se debe tener en cuenta que, a pesar del origen de este personaje, se trata de una creación de hace más de medio siglo, y en el cómic aparecen algunos estereotipos clásicos e, incluso, xenófobos y racistas, que se han querido evitar en la adaptación a la pantalla. Marvel empieza a demostrar que el mensaje que quiere enviar a su público, como ya veíamos en Eternals, es el de la grandeza que representa la diversidad, por contra a los movimientos que intentan exaltar el sentimiento antagónico.
Si a esto le sumamos la gran maestría a la hora de ejecutar los combates y en la estética del film, con paisajes entre lo fantástico y real, que dejan sin respiración, esta entrega destaca para ser un gran espectáculo visual. Con unos efectos especiales ya comunes en el mundo ficticio marveliano, como la típica retahíla de rayos de colores. Y una cromática cálida y colorida, compuesta por la aparición de momentos más oscuros que no fríos, y una historia que, aunque dramático y puede que un poco más lírica -como ya veíamos en Eternals-, no abandona la épica y la comedia propia de la franquicia.
Además de las ya esperadas dos escenas postcrédito que nos presentan un futuro marveliano que incluye, claramente, al nuevo personaje dentro de su abanico de superhéroes. Y también a su círculo más íntimo, como la amiga que siempre lo acompaña, o la hermana que, en la última escena del film, demuestra pasar a formar una parte importante de la trama del universo marveliano. Pero para saber todo esto, tendremos que esperar y ver qué depara el destino, escogido por la compañía, a este nuevo y simpático personaje, presentado con mucho respeto y mucho cuidado.
Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos es una película base de presentación de un nuevo superhéroe, y no tan solo la abertura de una nueva fase, contrariamente a lo que mostrará ser Eternals más adelante. Una entrega que demuestra como Marvel está, cada vez más, apostando por la interpretación y presentación de historias de forma distinta, incluyendo la diversidad y la aceptación de lo que es distinto y parece lejano, dentro del marco ya conocido y común de la franquicia.




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